En el marco de la cumbre de la G-20 que tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el 30 de noviembre de 2018, se firmó un nuevo acuerdo comercial trilateral entre los gobiernos de México, Canadá y Estados Unidos, el llamado T-MEC, que vendrá a sustituir al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) tan pronto entre en vigor.

Desde tal fecha, se han llevado a cabo arduas negociaciones entre los tres países, representados, en el caso de México, por la Secretaría de Relaciones Exteriores, Secretaría de Gobernación y Hacienda, principalmente.

Si bien el acuerdo presenta adiciones y modificaciones considerables en comparación con el antiguo acuerdo, vigente desde 1994, podríamos considerar que uno de los cambios más importantes y relevantes para nuestro ámbito de competencia es la inclusión de un capítulo referente al combate a la corrupción, en el Capítulo 27.

Dicho tratado establece los siguientes compromisos:

  1. Combatir prácticas y actos de corrupción
  2. Sancionar a funcionarios públicos que incurran en este delito
  3. Adoptar programas de cumplimiento (compliance) con base en mejores prácticas (como por ejemplo, evaluación de riesgos)
  4. Fortalecer la cooperación entre las autoridades de los tres países
  5. Fomentar una cultura de prevención

Derivado de lo anterior, podemos deducir el énfasis que se le dará por parte de México en el combate a la corrupción, es en la adopción e implementación de programas de cumplimiento. El gran reto de las empresas mexicanas va más allá de la adopción de unas cuantas medidas preventivas, se requiere operar programas de cumplimiento efectivos. El camino más seguro para construir estos programas, es basarse en las mejores prácticas a nivel internacional. En este caso, México puede aprender tanto del caso de Estados Unidos como Canadá, cuyas políticas de cumplimiento se encuentran más avanzadas y cuentan con buenos resultados en el ranking mundial.

En este Capítulo, se resalta la importancia de que las empresas (sector privado) establezcan programas de cumplimiento que refuercen las medidas contra la corrupción y el soborno. Actualmente, el 87% de las empresas mexicanas afirman que cuentan con programas formales de ética y cumplimiento.

A pesar de que suena como un buen porcentaje, la realidad es que contar con estos programas únicamente con el propósito de satisfacer los requerimientos y regulaciones requeridas no es suficiente, si no se cuenta con un compliance eficiente, esto no se reflejará en resultados favorables para detener el soborno y la corrupción en las empresas.

Más allá de adoptar estos programas con el fin de dar cumplimiento a regulaciones, o satisfacer los requerimientos anticorrupción de otros socios comerciales más estrictos, debería construirse el negocio alrededor del compliance. Es decir, el cumplimiento como una parte central de la estrategia de negocios de la empresa, lo cual a largo plazo generaría una ventaja competitiva y lograría su diferenciación en el mercado. 

Si bien, desalentar la corrupción es un problema complejo, y México se ha encontrado en una desventaja histórica en el ámbito en comparación con nuestros socios comerciales del norte, los expertos aplauden la inclusión de dicho Capítulo y las medidas necesarias que deberán implementarse en el país para seguir remediando esta situación. Por ejemplo, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) se ha pronunciado a favor de la inclusión de este artículo, toda vez que las sanciones comerciales representan siempre un incentivo correcto para desalentar las prácticas corruptas.

Analistas en la materia han considerado el capítulo complementa de manera adecuada al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) ya existente, la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción, la Ley General de Responsabilidades Administrativas, la Ley Orgánica del Tribunal Federal de Justicia Administrativa y la ley de Fiscalización y Rendición de Cuentas de la Federación; y las reformas legales que se han dado en el ámbito.

Uno de los elementos incluidos en dicho capítulo, es que las empresas se obligan a dar a sus empleados el código de ética bajo el cual se guían y las consecuencias negativas que podrían generarse en caso de incurrir en prácticas como el soborno. Este punto es particularmente interesante, ya que si bien se ha hablado mucho de la necesidad de la inclusión de la ética como un elemento parte del compliance, se trata de un tema que no se ha explorado aún a fondo, y que a veces se llega a pensar que no tienen relación.

De manera sencilla, podemos considerar que la diferencia entre ética y compliance reside en que: la ética asegura que los miembros y colaboradores de la organización no actúen contra las regulaciones; mientras que el compliance busca mejorar el ambiente de responsabilidad entre empleados y directivos. Ambos elementos comparten una estrecha relación para la formación de una organización integral y un adecuado clima laboral.

La entrada en vigor del T-MEC representa una oportunidad para México de alcanzar a nuestros socios comerciales en materia de programas de cumplimiento y anticorrupción, que, idealmente, coincidan con los valores de integridad, responsabilidad, confiabilidad, respeto y tolerancia tan vitales para una empresa que vive y respira el compliance 24/7 como FINCCOM.


Roberto Pérez
Consultor en Cumplimiento