Las offshore tienen la  fama de ser aquellas que brindan a personas, entre otras razones, la oportunidad de tanto minimizar su renta tributaria como proteger sus activos contra agresivos acreedores.  Por otra parte, de igual manera tienen la fama de ser lugares mediante los cuales se promueven el lavado de dinero y la evasión fiscal.  Es decir, conocidos como “paraísos fiscales”.

El ritmo de globalización, entonces, que tuvo el efecto de haber llevado en aumento su uso, llamó la atención de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) para implementar medidas cautelares con el fin de combatir el mal y erróneo uso de las offshore.  Por lo tanto, la OCDE tuvo éxito en obligar a los países como Suiza y las Islas Caimán a cumplir con sus requisitos de transparencia fiscal.

A pesar del hecho de que los antiguos poderes coloniales y en general la comunidad internacional insistieron que éstos (más bien los pequeños estados islas como las del Caribe, Bahamas y el Pacífico) instituyeran “regímenes de bajo impuesto” para arrancar sus economías y atraer capital, es de suma importancia mencionar que las mismas luego les acusaron de tergiversar la economía global con perjudiciales regímenes tributarios.

En su defensa, sin embargo, el tema de globalización previamente hablado transformó tanto las opiniones de la OCDE hacia ello como las operaciones de los supuestos paraísos fiscales, ya que la globalización vehementemente incitaba la influencia de paraísos fiscales en otras economías del mundo.

Ahora bien, durante los años setentas y ochentas, Delaware aprovechó del apogeo de globalización por anunciar sus servicios de incorporaciones offshore con elementos de confidencialidad. Su primordial objetivo era promover la inversión extranjera con fin de convertir a Delaware en un centro de comercio corporativo mediante el uso de su código de sociedades. 

Dicho código permite que los extranjeros constituyan sociedades de capital con capa de confidencialidad para mantener su confidencialidad.  Obviamente, cualquiera tiene el derecho de ser invisible, pero el abuso de tal sistema por extranjeros es lo que me refiero ahora; ademas de ser un punto clave en la lucha contra el lavado de dinero y de la evasión de impuestos, existen estados, como precisamente Delaware, que desempeñan servicios dirigidos a extranjeros que los EE.UU. y OCDE mismos dicen que contribuyen al tema de evasión.

Se encuentra la gran simulad entre Delaware y otros paraísos fiscales en sus respectivos códigos de sociedades.  De hecho, el código de Delaware han servido como modelo para otros estados y jurisdicciones por el mundo.

Pero es importante considerar que solo porque el código permite confidencialidad no implica que lo mismo es deficiente ni mal para negocios.  De hecho, la excelencia de confidencialidad corporativa y facilidad de incorporación comenzaron en Delaware hace cien años.  

A pesar de su ubicación, Delaware ofrece a sus sociedades los mismos beneficios de un paraíso fiscal.  Es decir, renta no originada en Delaware queda fuera del impuesto a la renta.  

Delaware es un estado magnífico para montar una sociedad de gran escala o transferir el suyo.  Para algo menos complejo, pues, la constitución de una sociedad en Delaware también puede actuar como punto de inversión. Las oportunidades son ilimitadas y las ventajas son muy buenas.

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