La violencia de genero se trata de una violencia que afecta a las mujeres por el mero hecho de serlo. Constituye un atentado contra la integridad, la dignidad y la libertad de las mujeres, independientemente del ámbito en el que se produzca.

Se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas de tales actos y la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si ocurren en el ámbito público como en la vida familiar o personal.

Da nombre a un problema, que incluso hace poco, formaba parte de la vida personal de las personas; era considerado un asunto de familia que no debía trascender de puertas para fuera y, por lo tanto, en el que no se debía intervenir. Entender la violencia como un asunto personal refuerza a las mujeres a una situación de subordinación respeto del hombre e implica asumir las relaciones de poder históricamente desiguales entre ambos y a través de las cuales se legitima al hombre a mantener su status-quo de la dominación incluso a través de la violencia. Esta percepción contribuye a que las mujeres no denuncien su situación por miedo, vergüenza o culpabilidad.

Hoy en día México atraviesa por uno de sus peores momentos en cuanto a violencia de género. El contexto actual de violencia contra las mujeres plantea muchos desafíos para la sociedad. Las recientes historias sobre casos de feminicidios han conmocionado al país entero. Una deplorable evolución de “las muertas de Juárez” a los casos desgarradores en la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala y el Estado de México. El asesinato de Mara Castilla, representa el rostro de una tragedia generalizada a lo largo de toda la república. Más de una decena de estados en la república presentan serios problemas de inseguridad que mantienen a las mujeres en una condición de especial vulnerabilidad.

Frente a este desalentador entorno de violencia de género a nivel nacional, resulta sumamente favorable el observar el trabajo que han realizado otros países. Un ejemplo claro y representativo que muestra el cambio de paradigma sobre la violencia de género, su detección, prevención y combate nos lo brinda precisamente la India.

Hace algunos años este país asiático se encontraba en uno de sus peores momentos en cuanto a violencia en contra de las mujeres. Sin embargo, fue precisamente en 2012 cuando diversos incidentes severos de agresión sexual desataron la ira colectiva en India y propiciaron un debate nacional. Las mujeres de la India fueron víctimas de la violencia sexual en diversas ocasiones dentro del ámbito familiar o bien, por parte de conocidos, sin embargo, su temor y/o inseguridad eran factores por los cuales no se atrevían a denunciarlo, o simplemente porque las autoridades no realizaban algo al respecto.

Es de suma importancia hacer mención que muchas mujeres llegaron a suicidarse por las diversas humillaciones a las que han sido sometidas. Un punto en particular es el de Haryana, un estado en el que una serie de casos de violación indignaron y conmocionaron al país.  Cabe destacar que la mayoría de mujeres abusadas sexualmente eran jóvenes y de una casta inferior, inclusive una niña con discapacidad psíquica.

 Uno de los incidentes que más llamo la atención, fue la violación de una joven de 16 años, acto grabado en vídeo y enviado a través de teléfonos móviles, después de esta desgracia su padre se quitó la vida por vergüenza. Otras dos víctimas de violación se suicidaron prendiéndose fuego.   Y en este tipo de sucesos en donde nos preguntamos, ¿cómo sociedad que estamos haciendo mal? ¿por qué tenemos que llegar hasta estos límites para comprender la gravedad del asunto?

Ahora bien, estos casos fueron eclipsados cuando en diciembre, una nueva agresión sexual sacudió el país: una estudiante de 23 años fue violada en un autobús en Nueva Delhi y posteriormente dejada desnuda en una cuneta. Tras 13 días en el hospital, murió debido a sus lesiones. Este ataque brutal sacudió la conciencia pública más que cualquier otro. La víctima representaba, por distintas razones, el sueño indio de modernidad y creciente movilidad. Estaba estudiando para ser fisioterapeuta y, cuando fue atacada, se dirigía hacia su casa después de haber ido al cine con su novio.

Tras estos devastadores casos parecía que la India continuaría con la línea de desigualdad en contra de la mujer que hasta entonces se había impuesto, fue cuando entonces sucedió algo que parecía impensable.  Una multitud de manifestantes tomó las calles de varias ciudades protestando por la falta de seguridad para las mujeres, así como la carencia de justicia en las mujeres.  Los sentimientos de indignación  y furia nacional no estaban causados por la falta de precedentes del delito, sino porque la violación mostraba públicamente el habitual problema de la violencia contra las mujeres y su baja condición en la sociedad india.

Es importante recordar que en India la vida de las hijas no se valora en la misma medida que la de los hijos. Además, se permite que la violencia sexual quede impune y las víctimas sin defensa, bien en las calles de las ciudades, en los pueblos, en las comisarías o en los tribunales. En los días posteriores a la violación de Nueva Delhi, protestas sin precedentes por todo el país transmitieron el creciente sentimiento de indignación pública y el fin del statu quo. La violación de diciembre en Nueva Delhi parece haber dado un impulso, y el Parlamento indio ha aprobado recientemente una ley que plantea la sentencia mínima obligatoria por violación en grupo.

 Esta ley, además, incluye sanciones para los agentes de policía que no tomen en serio la primera denuncia sobre violencia a una mujer. La Ley señala que los ataques con ácido cuentan como un delito, tipifica conductas como el voyeurismo, y permite a las mujeres inculpar por violación a los miembros de las fuerzas armadas. Existe un asunto más controvertido, el hecho de que esta ley permita la pena de muerte cuando se encuentran signos de violación en la muerte de una mujer o un “estado vegetativo persistente”.

El nuevo proyecto de ley no ha tipificado como delito la violación conyugal y ha aumentado la edad de consentimiento de 16 a 18 años, decisiones que invariablemente reflejan  costumbres socialmente conservadoras más que una preocupación real acerca de la violación. Sin embargo, la nueva ley introduce un cambio muy necesario mediante la ampliación de la definición de violación, que hasta hace poco era muy limitada. Un avance difícil y complicado pero que es de suma importancia frente a un escenario con serios problemas que datan de siglos.  Así mismo, posteriormente al caso de la violación de Nueva Delhi, el gobierno nombró a un antiguo fiscal general para dirigir una comisión que volviera a examinar las leyes en materia de delito sexual.

En un país en el que en 2015 se registraron oficialmente más de 34 mil violaciones, según el Ministerio del Interior indio, las cifras de la violencia hacia las mujeres son mucho más elevadas aunque no queden registradas: Que un hombre te espíe mientras te cambias en un probador o estas en el baño, ser acosada en la vía pública con ofensas verbales, gestos y tocamientos, o la demanda de favores sexuales en tu lugar de trabajo. En India estos delitos están penados por ley, pero la mayoría de las mujeres que los sufren no lo denuncian porque no tienen conocimiento de la legislación existente ni de las instituciones a su servicio y, además, les frena el estigma social.

El contexto de violencia de género que nos plantea la India es muy similar a lo que ocurre en México, pues a trata de personas, los abusos en contra de la mujer, así como un sistema jurídico paralizado por actitudes conservadores es una muy buena lección de cambio de la cual los mexicanos podríamos aprender. Primero, India muestra que, a pesar de tener un escenario sumamente complejo es posible generar cambios significativos para hacer frente a la violencia de género. Segundo, los cambios legales y acciones constitucionales pueden ser el puente que lleve a la modificación de paradigma sobre la violencia de género en conjunto con autoridades y sociedad civil organizada. Esto implica que si existe la voluntad los cambios se pueden concretar. Algo que nos lleva a un punto medular y pilar de cualquier esfuerzo para prevenir la violencia de género: si las autoridades, el marco regulatorio y la personas no se coordinan adecuadamente para cumplimento de lo acordado, los cambios difícilmente van a llegar a ser efectivos.

Además, debe recordarse que la violencia es una estrategia de relación aprendida, no es innata. Si esto fuera así, todas las personas serían violentas o todas las personas ejercerían la violencia de la misma manera y en el mismo grado; sin embargo, no siempre la empleamos en nuestras relaciones: hablamos, negociamos, pactamos, tratamos de comprender el punto de vista de la otra persona y finalmente llegamos a un acuerdo, aunque no obtengamos el que en principio queríamos.

Es importante dejar en claro que la violencia de género representa un problema complejo que tiene un componente sociocultural y de impunidad que sin duda se tienen que cambiar para proteger a un sector de los más importantes de la sociedad como lo son las mujeres.  

 

Fuentes:

www.politicaexterior.com
https://elpais.com
http://igualdade.xunta.gal

En coautoría con Michelle García, analista de prevención de Delitos Financieros en FINCCOM

 

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