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El fenómeno de la corrupción es uno de los grandes lastres que enfrenta nuestro país. La corrupción tiene elevados costos que afectan continuamente al sistema legal, ahondan la desigualdad, empeoran la calidad de la infraestructura pública y fortalecen al crimen organizado. Una de las definiciones más comunes para explicar este problema es “el abuso de poder delegado para el beneficio propio”. Bajo esta consideración la corrupción  se encuentra ligada a los agentes del Estado. Sin embargo la corrupción no es un fenómeno exclusivamente relacionado con agentes estatales, basta con que en una empresa una de las partes abuse del poder otorgado para obtener un beneficio particular. La corrupción es un fenómeno que esta manifiesto en diversos ambientes tanto públicos como privados, pero que toma mayor atención cuando tiene repercusiones en el público.  

Una consideración muy importante a la hora de explicar la corrupción es la percepción que tienen los mexicanos sobre este problema. Si bien se reconoce que este problema tiene importantes costos para el país. En México tal pareciera que la corrupción no es entendida como un fenómeno de reglas sino más bien es comprendido como un problema cultural. La disonancia que existe a la hora definir la corrupción nos demuestra un poco de la complejidad de este concepto cuando se intenta aterrizar a la realidad.

Nos indigna cuando oímos sobre como el gobernador X desvió millones de recursos del erario público a través de una red de empresas fantasmas. Más aún nos sorprende escuchar cómo una empresa opera una red de sobornos en distintos países para ganar contratos. Pero nos es indiferente cuando escuchamos que el vecino, amigo o familiar dio una “mordida” para librar una multa de tránsito, evadir una sanción o gozar de un beneficio.  Aún recuerdo aquellas palabras de Cantiflas cuando decía “la corrupción es un precepto constitucional que no está escrito pero que todos los mexicanos sabemos que existe”. Décadas después reflexionó sobre aquellas palabras y los costos que estas han dejado en  la sociedad mexicana. Tal pareciera que dentro de estas consideraciones los gobernantes están facultados para ser corruptos mientras que los ciudadanos mediante la interacción día a día se encuentran justificados para hacerlo de una manera funcionalmente no aceptable.

¡Viva México! No la corrupción

Fuente: http://www.nexos.com.mx/ 

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