Todos coincidimos que la frase “citius, altius, fortius”  (más rápido, más alto, más fuerte), pronunciada por Pierre de Coubertain en 1894 en el entorno de la creación del Comité Olímpico Internacional, refleja fielmente la competencia que debe privar en toda actividad humana, principalmente en el deporte, sin embargo, el tratar de llevar al límite la capacidad humana, eventualmente nos conducirá a la delgada línea ética entre la ciencia, el cálculo y la trampa.

El “chocho”

Cuando en el año 1995 me inicié seriamente en el triatlón, dedicaba cada vez más tiempo a asistir a un gimnasio en el que practicaba mis rutinas de natación, bicicleta y carrera, desde luego combinándolo con salidas a rutas ciclistas o para correr en los lugares que existen en las cercanías de la Ciudad de México. Aunque acudí con una nutrióloga en aquéllos años, después de que su veredicto era que yo era un obeso mórbido al cuál someter al hambre y la inanición, decidí abandonar su régimen y que sería un deportista obeso, pero feliz por comer lo que yo quisiera. Sin embargo, la comunidad de los gimnasios siempre ha estado dominada por un sector de “entrenadores” que además de seducir socias, se autodenominan “expertos” en nutrición y en disciplinas deportivas, lo cuál obviamente incluye dopaje, lo que ellos recomiendan coloquialmente como “el chocho”. Tomar droga es una decisión individual y por ser hombres y mujeres que tienen un cuerpo entrenado y formado, pero más bien orientados a variantes del fisicoculturismo, yo simplemente los ignoré. Iban a  pasar muchos años para que, ya retirado del entrenamiento intenso, me enterara por una campeona fitness que existen “aceleradores”, “metabolizadores”, “quemadores”, “desarrolladores de músculo”, “anabólicos”, “stanabol” y toda una gama de productos que son utilizados por esa comunidad de “mamados”. Por supuesto,  COFEPRIS, PROFECO o cualquier autoridad sanitaria, permanecen al margen de lo anterior, simplemente no se sabe si por ignorancia  del problema o porque no se considera como tal.

Armstrong: deporte, ciencia y cultura

En efecto, en este siglo conocimos el desenlace de la carrera del ciclista Lance Armstrong, quien además de haber ganado siete veces Le Tour de France, sobrevivido a cáncer testicular, ser fundador de una Organización benéfica de lucha contra el cáncer[1], autor de libros  motivacionales con más de 50,000 ejemplares vendidos[2]pareja sentimental de una estrella de la música country[1], de haber sido perseguido durante más de una década por autoridades sanitarias de Francia, Europa y Mundiales pero que terminó por revelar (confesar) su experiencia con el dopaje profesional y científico y que desencadenó que perdiera sus títulos y gran parte de su reputación, al grado de haber pasado de hijo pródigo de su natal Plano, Tx, a ser virtualmente proscrito de la capital: Austin,  Tx.

De la lectura del Libro “Seven Deadly Sins, My pursuit of Lance Armstrong” de David Walsh, si separamos la obvia carga emocional propia de un periodista que durante 13 años señaló al ciclista como tramposo y fue el principal vocero de las actividades de dopaje de sus equipos y que por esta razón fue aislado de la comunidad editorial deportiva, ya que sólo pudo reivindicarse hasta 2012, año en que Armstrong confesó su dopaje al mundo en un conocido programa, podemos encontrar una serie de descripciones acerca de la meticulosidad con  la que Michele Ferrari[2], el médico que acercó el dopaje a Lance, por cierto a través de otra leyenda ciclista Eddie Merckx y que nos hacen ver que en realidad cualquier medicamento que sea administrado de manera científica para mejorar el rendimiento, no está haciendo otra cosa sino contribuyendo al desarrollo de la ciencia (claro que a costa de quien no ingiera drogas o lo haga sin la supervisión profesional) y no sólo está obteniendo una ventaja indebida al  competir.

Rusia. Deporte y política

Recientemente, la plataforma de streaming Netflix, difundió un documental llamado ICARUS[1], que fue originalmente planeado por su autor, Bryan Fogel, un periodista y ciclista amateur, como una suerte de ejercicio para demostrar que la competencia denominada “Haute Route”, que cada año reúne ciclistas amateur para cubrir en una semana las cumbres más difíciles de Le Tour de France, podía ser ganada, si se adoptaba un programa de dopaje que no fuera detectado por las autoridades deportivas. Sin embargo, esa intención se vio modificada en el camino, cuando a Fogel, le presentaron al doctor y director anti-dopaje ruso Grigory Rodchenkov, quien no sólo le facilitó un programa de dopaje y una técnica de evasión de exámenes, sino que lo condujo a una trama internacional de dopaje, espionaje y alta política internacional en la que estaría involucrado de alguna manera el Gobierno Ruso. Al final este documental da cuenta del proceso por el que estuvieron a punto de prohibir a toda la delegación rusa, su participación en los juegos olímpicos de Río de Janeiro, Brasil 2016 y que incluso desencadenó la autoconfesión de dopaje por parte de estrellas de talla internacional como la tenista María Sharapova.

 Los juegos olímpicos de invierno de 2014 en Sochi, atrajeron la inocente atención internacional hacia las victorias deportivas del equipo ruso logradas con dopaje, pero en realidad, permitieron mantener en segundo término los crímenes contra la humanidad cometidos  en Ucrania, en las ciudades orientales de Lugansk y Donetsk, en donde “separatistas” se enfrentaron al gobierno ucraniano, pero las bajas civiles y la destrucción de propiedad privada, fue lo único que prevaleció en esas dos ciudades y nunca se pudo aclarar el financiamiento de los mercenarios que se enfrentaron en ese punto olvidado de Asia. De este modo,  la independencia de Crimea en una región más occidental y diferente de Ucrania y su inmediata anexión a Rusia, se volvieron una prioridad para el gobierno Ruso que vio en todo este juego deportivo y político, la ocasión de convertir una amenaza independentista, en la oportunidad de recuperar el control absoluto de su base naval rusa de Sebastopol ubicada en el Mar Negro, aunque este movimiento se logró sin un solo disparo, lógicamente si se desencadenó la animadversión y las sanciones internacionales.

 Como se puede apreciar de las historias anteriores, un ícono cultural y el surgimiento de una disputa internacional, se pueden ver engarzadas por el hilo del dopaje deportivo, pero en realidad ese mundo no está tan alejado de la realidad cotidiana como pudiéramos pensar.

Yaochö: la corrupción en el deporte.

 La sociedad japonesa es muy orientada en educar dentro del respeto a los demás, a los antepasados y las tradiciones, si bien no es ajena a experiencias de corrupción en empresas y gobierno, en muchas ocasiones hemos escuchado de empresarios o dirigentes que se suicidan o autoflagelan cuando confiesan haber participado en cohecho o malversación de fondos por la vergüenza social que sienten. El Sumo es un deporte de lucha que está muy orientado a la tradición, pues incluso se utiliza el rito de arrojar la sal para purificar, elemento propio de la religión Sintoísta. A raíz de un documental de 2008, se dice que hubo un período entre 2008 y 2011 de luchas “arregladas” en las que el objetivo era cobrar apuestas y obtener ganancias ilícitas. La explicación más difundida que existe sobre este fenómeno de corrupción (yaochö), es que el ambiente de las luchas de sumo fue infiltrado por la mafia japonesa (yakuza) y que por eso se arreglaban las peleas. Sin embargo, hay diversas explicaciones para la práctica del yahochö, pues se dice que es una práctica anterior a los yakuza, ya que en algunas ocasiones se trataba de dar mayor vistosidad a las competencias de campeonato, para que hubiera contendientes más competitivos en semifinales y finales. Sobre estos antecedentes se refiere la muerte de Hashimoto y Onaruto en 1996, luchadores que trataron de denunciarlo y el libro The Joy of Sumo[1], de 2002.

 Pero nada definitivo se ha escrito, esto se debe a que la polémica continúa, pero se le da menos difusión en medios electrónicos.

 Sobre este fenómeno, de “matched competition” nuevamente mi contacto con el triatlón me hizo convivir con profesionales en alguna parte de mi trayectoria deportiva. De esa breve experiencia, hay una conversación que se me quedó grabada ya que un campeón nacional que un determinado año ya había calificado al mundial de la ITU (international triathlon union), con toda la carga de la adrenalina en una competencia en la que sorpresivamente llegó en segundo lugar, nos contó que le dijo a su competidor tras de alcanzarlo en la recta final a 500 metros de la meta: “de hombre a hombre: te voy a ganar, pero se que tú necesitas calificar, si me entregas el premio de primer lugar, te dejo ganar ésta…, la respuesta fue –¡va!”.  Con esta conversación, el campeón que ya había calificado al mundial, se quedó con las bolsas de segundo y primer lugar, el “ganador” frente al público acababa de pagar el precio de su boleto a la final.

No podemos mirar al mundo bipolarmente reduciéndolo a las categorías bueno-malo o blanco-negro, pues más bien está lleno de una gama de grises y colores que conforman toda la gama del arcoíris que están fundidos en el blanco y que en el negro no son sino la ausencia total del espectro, así las cosas, la corrupción que resulta mala para el desarrollo de una sociedad justa, forma parte de la naturaleza humana y tal vez sólo es el signo propio que resalta de nuestra humanidad, en contrapartida, vale decir que toda experiencia negativa siempre tiene algún aspecto que nos hará cuestionar si realmente la competencia humana es la que nos mueve a descubrir nuevos conocimientos científicos o a empujarnos hacia terrenos no explorados de negociación y convivencia que de cualquier manera nos entregarán la riqueza del conocimiento de la naturaleza de las cosas.
Quizá esta es la forma en la que los mexicanos enfrentan el fenómeno de la corrupción: en 2017 el Presidente Peña Nieto reclamó a Claudio X González padre que su hijo el activista y abogado Claudio X González Guajardo provoca que la sociedad pase mucho tiempo hablando de corrupción. Apenas es septiembre y se ha revelado la llamada “Estafa Maestra”: trama de corrupción de Secretarías de Estado, Empresas Estatales, Universidades Públicas y empresas fantasmas. Esa narrativa nos lleva a citar al propio Presidente sobre que la corrupción es un fenómeno cultural[1]. Parece que los mexicanos ya somos inmunes y permanecemos incólumes ante semejante espectáculo que sólo nos deja como conocimiento científico que aquí el “Estado de Derecho”, significa un conjunto de leyes que el status quo utiliza para favorecer a amigos y ser aplicado excluyente y deportivamente a quienes no lo son.

[1] Lance Armstrong Foundation. Mucho más conocida por la pulsera de plástico amarilla LIVESTRONG.

[2] It´s Not About The Bike, 2000, Putnam publisher. (Reclasificado como “ficción” como si su remisión del cáncer fuera falsa). Every Second Counts, 2004, The Doubleday

[3]http://www.etonline.com/news/212276_lance_armstrong_talks_relationship_with_sheryl_crow_it_s_tough_to_pull_off_being_a_power_couple

[4] Ferrari fue proscrito del deporte profesional (Banned for life) de por vida por la USADA por utilizar sustancias prohibidas en julio de 2012.

[5]https://www.theatlantic.com/entertainment/archive/2017/08/icarus-review-netflix/535962/

[6]http://www.sumoforum.net/forums/topic/18551-book-review-the-joy-of-sumo-by-david-benjamin/

[7]http://www.proceso.com.mx/381646/me-sostengo-en-lo-dicho-la-corrupcion-es-cultural-pena

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s