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La palabra “proliferación” tiene como significado el incremento de la cantidad o el número de algo de forma rápida, por lo que la proliferación de las armas de destrucción masiva son armas diseñadas para matar a un gran cantidad de personas, dirigidas tanto a civiles como a militares. Estas armas no se utilizan generalmente en un objetivo muy específico, sino más bien sobre un área extendida más allá del radio de una milla, con efectos devastadores en las personas, infraestructura y medio ambiente.

Las armas nucleares son las más peligrosas de la Tierra. Sólo una puede destruir una ciudad entera, además de potencialmente matar a millones de personas, y poner en peligro tanto el medio ambiente como la vida de las generaciones futuras, ya que sus efectos a largo plazo resultan devastadores.

Tras doce años de negociaciones, el 3 de septiembre de 1992, se adoptó en la Conferencia de Desarme en Ginebra el texto de la Convención sobre Armas Químicas. La Convención permite la rigurosa verificación del cumplimiento por los Estados partes. Esta Convención se abrió a la firma el 13 de enero de 1993 en París y entró en vigor el 29 de abril de 1997. Se trata del primer acuerdo de desarme negociado en el seno de un marco multilateral que contiene disposiciones para la eliminación de una categoría completa de armas de destrucción en masa sujetas a fiscalización internacional de aplicación universal.

Como resultado de los esfuerzos prolongados de la comunidad internacional para establecer un nuevo instrumento que complementara al Protocolo de Ginebra de 1925, la Convención sobre Armas Biológicas fue abierta a la firma el 10 de abril de 1972, convirtiéndose, así, en el primer tratado de desarme multilateral que prohíbe la producción y el empleo de una categoría entera de armas.

Por otro lado, la eficacia de la disuasión nuclear otorga a los países poseedores de este tipo de armas una cierta impunidad frente al resto, lo que unido al desarrollo tecnológico que implica la realización de un programa nuclear autónomo, proporciona a ese tipo de países, un alto grado de influencia y libertad de acción en sus relaciones regionales e internacionales. Todos estos factores fueron las principales razones por las que los vencedores en la II Guerra Mundial fueron paulatinamente poniendo en marcha sus programas nucleares militares. Primero fue la Unión Soviética, a la que siguieron Gran Bretaña y Francia.

El TNP establece en su Artículo 21 la prohibición de la nuclearización de los países que en el momento de la firma no poseían armas nucleares. Esto obligó a países como Sudáfrica y Argentina a abandonar sus programas nucleares. El TNP se convirtió en la piedra angular del sistema de no-proliferación nuclear mundial.

En 1975 entró en vigor la Convención de Prohibición de Armas Biológicas (CPAB) que supone la prohibición integral de este tipo de armas. Pero su eficacia ha quedado muy limitada, por falta de un sistema de verificación. En 1997 entró en vigor la Convención de Prohibición de Armas Químicas (CPAQ). Se puede decir que esta Convención es un tratado integral pues incluye controles y procedimientos de verificación, pero sólo actuaría en caso de denuncia de otro Estado, al no tener ningún sistema de internacional de vigilancia. La comunidad internacional debe seguir trabajando en el perfeccionamiento de sistemas de control de materias que puedan llegar a constituir armas biológicas o químicas.

Actualmente sólo tres países han quedado fuera del TNP: Israel, Pakistán e India. Los tres son países nucleares, aunque en el caso de Israel nunca ha realizado un ensayo nuclear que lo demuestre, sin embargo nunca ha negado la existencia de su arsenal nuclear.

 

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