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Las sanciones internacionales son medidas coercitivas que se aplican contra Estados, entidades no estatales o individuos que se considera han actuado en violación de la legalidad internacional. Los objetivos que se persiguen a la hora de imponerlas son: modificar un determinado comportamiento por parte de un Estado, entidad no estatal o un grupo de individuos(coercing), disminuir su capacidad de maniobra o debilitar su posición (constraining) y denunciar públicamente a todos aquellos que suponen una amenaza para la paz y la seguridad internacionales (signaling).

Se han convertido en un elemento omnipresente en el ámbito de las relaciones internacionales contemporáneas. Ante el estallido de una crisis internacional, cada vez con mayor frecuencia los Estados optan por recurrir a la adopción de sanciones internacionales como alternativa al uso de la fuerza armada. 

El Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas establece la base jurídica para la imposición de medidas coercitivas en el seno de las Naciones Unidas. Los artículos 39 y 41 otorgan al Consejo de Seguridad la facultad de adoptar medidas que no impliquen el uso de la fuerza armada, con el objetivo último de mantener o restablecer la paz y seguridad internacionales.

Paralelamente, en el seno de la UE las medidas restrictivas se configuran como una herramienta clave de la Política Exterior y de Seguridad Común, que, en virtud del artículo 21 del Tratado de la UE, se emplean para la defensa de sus intereses estratégicos y la protección de sus objetivos fundamentales en el exterior.

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